martes, 4 de octubre de 2011

Dramatis personae. Los protagonistas

© Julia Siles Ortega. 2011


Siempre había querido escribir una historia de mellizos; una en la que fueran protagonistas absolutos: héroes y heroínas de su tiempo, vapuleados por la vida, fuertes y orgullosos, y, sobre todo: dueños únicos de su destino. Y de ese deseo latente nació esta novela. En un principio debió ser una novela actual, de nuestro siglo, ambientada a caballo entre Inglaterra e Irlanda… pero una parte de mí quería hacer algo absolutamente Romántico, como un experimento literario puntual porque a mí la novela romántica al uso no me sale ni a la de tres, y pensé: ¿Existe acaso otro siglo más Romántico que el s. XIX?
Para acabarlo de rematar, un buen día de principios del año pasado recordé el episodio de la hambruna irlandesa de mediados de siglo y todo lo que había conllevado: pobreza, exilio y muerte. Y lo tuve. El germen de Éxodo negro, y al mismo tiempo: el título. Conseguí trazar el itinerario ideal de la historia que quería contar… a grandes —y flexibles— rasgos. Ahora sólo faltaban los personajes.
En esta historia, cómo no, es imperativo hablar del sistema de clases en una sociedad todavía tan jerarquizada como la británica, con unas líneas muy claras de separación entre una clase y la inmediatamente superior o inferior. Por ello nos hallamos en el «caso típico» de ricos y pobres, tan común y familiar en la literatura victoriana del siglo. Encontramos en Éxodo negro a dos parejas de mellizos: los irlandeses Jonathan y Jade Wilde. Y los norteamericanos —de origen escocés— Owen y Ravel Osborne.
Como habrá adivinado el lector sin mucha dificultad, los irlandeses son los «pobres» y los neoyorquinos son los «ricos». Y entrecomillo ambos conceptos porque esta novela no pretende dar una imagen maniquea en la que todo sea blanco o negro; nada más lejos de la realidad. Como ocurre a menudo en el ciclo vital del ser humano, todo cambia, nada permanece; los pobres se enriquecen y los ricos se arruinan…
Jonathan y Jade nacen un doce de enero de 1835 en un pequeño pueblo del condado de Mayo, en Irlanda. Ese mismo día de ese mismo mes de ese mismo año, en Washington Square (Nueva York) nacen los mellizos Osborne. Aparentemente estas dos parejas no tienen nada en común; para colmo de males, los Wilde son católicos acérrimos y, en cambio, los Osborne pertenecen a la Iglesia Presbiteriana. Sin embargo están llamados a encontrarse y a ligar sus destinos por siempre jamás, como se espera de cualquier buena novela romántica con final feliz.
Describir a estos personajes no es tarea fácil ni siquiera hoy, cuando la novela está estructurada por completo; sé de donde vengo y a donde quiero ir, conozco el itinerario perfecto, trazado al compás de una música igualmente ideal, pero las descripciones no son lo mío y mis lectores lo saben. Al contrario que muchos autores pasados y presentes, yo no gasto páginas y páginas para describir el color de la hoja de un árbol. Sin embargo, voy a intentar ofreceros una imagen de nuestros protagonistas lo más cercana posible a la realidad que encontraréis entre las páginas de la novela.

DRAMATIS PERSONAE

JONATHAN WILDE: Rebelde, soñador y de espíritu aventurero; amante de los caballos y de los espacios abiertos y sin límites, no acepta normas ni disciplinas, ni consejos ni sermones. Moreno, de ojos verdes, aspecto pícaro y modales barriobajeros, llegará como polizón a Estados Unidos y acabará enriqueciéndose en las tierras vírgenes del Oeste americano y conquistando el corazón de Ravel Osborne.

JADE WILDE: Es el contrapunto perfecto de su hermano. Siempre toca de pies a tierra y diríase que la tristeza corre por sus venas cual si fuera sangre. Obligada a vivir con su tía Gertrude y a servirla en todo lo que disponga, su infancia y adolescencia vienen marcadas por la resignación y el sacrificio hasta que se cruza en su vida Owen Osborne, cuyo amor la transformará en una mujer felizmente irreconocible.

OWEN OSBORNE: El niño mimado de los Osborne es, en el fondo, un gran muchacho, con un gran ideal de la justicia y un deseo enfermizo de acercar posturas entre los favoritos de la fortuna y los desheredados de la tierra; amante de meterse en líos y broncas, y decidido a salvar al mundo de sí mismo, sufre un extraño complejo de Robin Hood que le conducirá irremediablemente a su Lady Marian particular, que no es otra que Jade Wilde.

RAVEL OSBORNE: Un capítulo de la novela la define a las mil maravillas: una excéntrica criatura. Obligada por su cuna a hacer un buen matrimonio con alguien de su misma posición social, es educada en Suiza, donde se espera que adquiera los modales y las ideas que corresponden al ideal de mujer victoriana. Sin embargo, Ravel sólo quiere una cosa: ejercer la medicina en un siglo y en una ciudad que no conciben a una mujer médico. De la mano de Jonathan Wilde recorrerá todo el territorio que se extiende desde Nueva York a California persiguiendo su más caro anhelo.

2 comentarios:

  1. Biennn!!! Ya era hora de poder disfrutar de "Éxodo Negro". Me ha gustado la introducción, profesional y completa pero sin caer en un eruditismo inaguantable, y los personajes... creo que intuyo de quién me voy a enamorar xD Ojosssss verdesssss!!!!! Mi perdición T.T
    Eso sí, al único que describes físicamente es a Jonathan...¿y los demás? I need more informationnn!!!!! jajaja
    Un beso, guapa, y ya has conseguido mantenerme atenta :D

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  2. Enone, perdón por el retraso en la respuesta a tu comentario; ya sabes que hemos estado muy liadas con la campaña de LE, pero realmente ya va siendo hora de retomar la historia de nuestros queridos mellizos. Me dices que quieres más información acerca de los personajes... por el momento esto es lo único que sé de ellos; las Musas se muestran revoltosas con esta historia, me dan pistas, pero pocas y cuentagotas... Puaj... En cuanto pueda contar algo nuevo, seréis los primeros en saberlo. Gracias por tu interés, preciosa 8D

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